EL MIRLO (Turdus merula)
El Mirlo común (Turdus merula) es una de esas aves que es frecuente ver en nuestros parques y jardines.
Los mirlos del bosque son generalmente muy esquivos pero los que viven en las ciudades, aunque desconfiados de los extraños, se han adaptado al bullicio y ajetreo de coches y personas en su entorno.
Se les ve con frecuencia en las praderas de los parques buscando comida, caminando de un lado a otro. Corren, dan pequeños saltos, avanzan en cortos sprints, inclinando la cabeza de lado para observar el terreno. Cazan principalmente de vista pero también a veces usan el oído. Son grandes consumidores de gusanos que capturan rebuscando en el humus. También escarban con energía la hojarasca en descomposición, revolviendo las hojas para encontrar todo tipo de invertebrados: insectos, arañas, miriápodos, babosas, caracoles pequeños.
Los mirlos comunes tienen una territorialidad muy acentuada y no viven en grupo. Cada individuo delimita su propio territorio, que va desde 0,2 a 0,5 hectáreas en el bosque hasta 0,1 a 0,3 hectáreas en la ciudad. El macho establece su territorio durante su primer año de existencia y lo mantiene toda su vida. Durante la temporada de anidación un mirlo no soporta a ningún congénere, con la excepción de su pareja.
Un mirlo macho de un año puede comenzar a cantar en el mes de enero si hace buen tiempo, con el fin de establecer un territorio. El canto es un gorjeo no repetitivo, aflautado, melodioso y muy grave. Este canto lo dirige desde lo alto de los árboles, los tejados de las casas o cualquier otro posadero que domine los alrededores. Normalmente cantan de marzo a junio, a veces hasta principios de julio. El macho puede cantar a cualquier hora del día, pero el amanecer y el atardecer son los momentos en que los cánticos son más intensos. El canto del mirlo está considerado como uno de los más bellos cantos de las aves de Europa. La riqueza de su repertorio, sus variaciones melódicas y la capacidad de improvisar distinguen al mirlo europeo de la mayoría de las demás aves.
Hace unos años, una pareja de mirlos tuvo la gentileza de hacer su nido en mi jardín y criara allí a su prole. En las siguientes imágenes se recogen las poco más de dos semanas que duró el proceso de crianza.
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imagen: www.antonioguillem.com

