viernes, 5 de septiembre de 2014

LA GRAN MURALLA VERDE AFRICANA

 Foto: publico.es

En el África subsahariana, bajo el efecto de los cambios climáticos combinados a una explotación agraria intensa debido a la presión demográfica, la zona forestal se reduce. Esta tala implica una degradación de los suelos y una desertización casi inexorable. En la actualidad, los dos tercios de África se han vuelto desérticos o se han deteriorado mucho.
Sin la protección de los árboles y la hierba, el suelo se convierte fácilmente en un glacis (suelo arcillo-arenoso degradado, ndr) y su capa fina de tierra cultivable queda a merced del viento y la lluvia.

Cada año, la desertificación aumenta en 1,5 millones de hectáreas en los países del Sahel.
Se estima que el año pasado, unas 10 millones de personas sufrieron la escasez de alimentos debido a la sequía y el cambio climático en el Sahel.

La Gran Muralla Verde del Sahara y el Sahel es una iniciativa aprobada en 2007 por los Jefes de Estado y de Gobierno africanos que tiene como objetivo hacer frente a las consecuencias sociales, económicas y medioambientales perjudiciales de la degradación de las tierras y la desertificación en la región sahelo-sahariana. 

Este proyecto pretende crear una línea de resistencia para enfrentar la progresión del desierto, con una franja vegetal de 15 km de ancho entre Dakar y Yibuti, lo que representa 7000 km de longitud.

La iniciativa apoya a las comunidades locales en la gestión y uso sostenibles de los bosques, pastizales y otros recursos naturales de las tierras áridas. Además, pretende contribuir a la mitigación y adaptación al cambio climático, así como a mejorar la seguridad alimentaria y los medios de vida de la población del Sahel y el Sahara.

Un Comité de especialistas en árboles y medios áridos están determinando las técnicas más apropiadas y elegir las especies más adaptadas al contexto del África subsahariana (resistencia a la sequía, capacidad de desarrollarse en suelos carentes de nutrientes, rehabilitación de la fertilidad, etc.) con el fin de optimizar los resultados de las operaciones de repoblación.

Para reconquistar las regiones deterioradas, estos científicos  han recomendado la explotación de un fenómeno natural, presente  en más de un 80% de las especies vegetales: la asociación entre una planta y un hongo, llamada la simbiosis micorriza. El hongo desempeña un papel primordial para la nutrición hídrica y mineral de la planta huésped. En efecto, toma y transporta hacia esta última elementos nutritivos muy poco móviles en el suelo, principalmente el fósforo.

Las plantas seleccionadas para la Gran Muralla Verde han de ser capaces de adaptarse al medio africano subsahariano y poseer cualidades ecológicas apropiadas para la lucha contra la desertización. Entre las especies que se utilizarán está el árbol tropical Casuarina, más conocida bajo el nombre de filao. 

Este  árbol tiene unas características que le permiten atenuar las carencias de los suelos deteriorados y de revegetalizarlos. Es un árbol pionero,  capaz de colonizar suelos muy pobres en elementos minerales. Debe esta facultad excepcional a una asociación simbiótica con una bacteria, llamada Frankia , contenida en el suelo. Ésta ofrece al árbol la capacidad única de fijar el nitrógeno del aire, cuando este elemento esencial falta en el suelo. Por eso, la bacteria forma sobre las raíces del filao órganos especializados, llamados nódulos, capaces de transformar el nitrógeno atmosférico en amonio, directamente asimilable por la planta.

Aunque ya se han plantado en Senegal más de 20.000 hectáreas de las 817.000 hectáreas que implica el proyecto, éste se enfrenta a problemas como la escasez de mano de obra cualificada, la falta de vías para desplazarse y la falta de tuberías para conducir el agua.

Para Saber más:

http://www.fao.org/news/story/es/item/180402/icode/

http://www.investigacionyciencia.es/investigacion-y-ciencia/numeros/2014/6/la-gran-muralla-verde-12111

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